12 días de travesía en el Big Salmon River
Día 1. Quiet lake, el día tranquilo.
-Hoy era el día que entrábamos de nuevo en contacto con la naturaleza indómita y salvaje del Yukón, me sentía nervioso, una mezcla de cansancio ( por el jet-lag), emoción y respeto por el medio al que nos íbamos a enfrentar. Después de nuestra experiencia en canoa el año anterior en el río Yukón, sabía que nos adentrábamos en terreno desconocido, ya no íbamos a navegar un río tranquilo ( aunque no describiría el Yukón como un río tranquilo, es un río poderoso, ancho, con movimientos de agua que no hay que subestimar, pero que te permite navegar con mucha anticipación y prácticamente plano a lo largo de todo su recorrido, salvo los Five Finger rapids y algún pequeño trozo con pequeñas olas), nos enfrentábamos esta vez a un río que te puede sorprender en cada curva, estrecho, tortuoso, que además iba crecido ( 2026 ha sido un año de registros históricos de caudal para un mes de Julio), con zonas conocidas de rápidos y muchas otras sorpresas que no salían representadas en el mapa de papel que llevábamos.
-Quedamos pronto por la mañana con los de Kanoe People, la empresa con la que alquilamos la canoa, nos tienen que llevar en furgoneta por una pista de tierra hasta el Quiet lake, uno de los tres lagos que tendremos que atravesar para alcanzar la cabecera del Big Salmon River.

-Tras varias horas por carretera y después una pista de tierra interminable ( Canol Road, que se construyó para poder llevar suministros para la II Guerra Mundial), con una parada ( imagen) junto al Nisutlin River ( otro de los candidatos para futuros viajes), finalmente llegaremos al Quiet Lake. Con nosotros viajan dos parejas de canadienses y un japonés, uno de ellos nos explica que hace unos años ya bajó el Big Salmon River y este año lo querían repetir. El japonés lo desembarcaban en el río Teslin y cuando lo iban a dejar se dieron cuenta de que se habían dejado su chaleco salvavidas, esto nos retrasó ya que el conductor tuvo que buscar a alguien que les prestase un chaleco, ya que en caso contrario la única alternativa era volver a Whitehorse lo cual todavía nos hubiese retrasado más. Cuando le dieron el chaleco por una parte nos entró la risa al ver el chaleco vintage que le proporcionaron, pero al mismo tiempo nos generaba una duda razonable si ese chaleco tendría la flotabilidad necesaria ya que era viejo y desgastado, sin poder evitar sentir algo de pena por el simpático japonés...Cuando llegamos al Quiet Lake, los canadienses deciden que van a pasar la noche junto al lago, mientras que nosotros estamos deseosos de comenzar nuestra aventura y solo perdemos el tiempo justo para comer algo y organizar todo el equipaje que tendremos que transportar con nosotros. Álex estrena el packraft, lo que será una incógnita de cara a los siguientes días, su manejo en aguas planas, su fiabilidad...
Una vez lo tenemos todo listo, emprendemos nuestra aventura sobre las transparentes y calmadas aguas del Quiet Lake, la foto nos la tomaron nuestros amigos canadienses mientras nos alejábamos hacia lo salvaje. Los volveríamos a encontrar mucho más adelante en el río y después ya no los volveríamos a ver. Y es que, 350km de río son muchos kilómetros para perderse...
Es curioso pero en los inicios de este tipo de aventuras, me sucede que el primer día no acabo de creerme muy bien que estoy allí, no tengo la sensación de estar inmerso en aquel escenario que me parece totalmente irreal, supongo que el cansancio del viaje de ida me pasa factura y todavía no tengo la dinámica adquirida de lo que es el día a día en la aventura. Mi única preocupación este primer día es empezar con buen pie, atravesar el lago lo antes posible y buscar un campamento donde nos podamos refugiar del posible viento que, en caso de coger fuerza, nos puede complicar el avance ( tuvimos una dura experiencia en Ontario, Algonquin Provincial Park, donde un día de viento casi nos hizo abandonar una travesía en canoa). Ciertamente el viento nos viene de espaldas y empieza a levantar ola, aunque sin resultar dramático, si hubiese sido de frente la historia hubiera sido otra. Algo que nos llama la atención nada más salir, es la ausencia de playas, en todos los vídeos que había visto era posible desembarcar prácticamente a lo largo de todo el lago, pero únicamente encontramos playa en el punto de salida y en nuestro desembarco al final del mismo, lo que evidenciaba que el nivel del agua era más alto de lo habitual.
Llegamos finalmente al otro extremo del Quiet lake, donde encontramos una playa paradisíaca, montamos la tienda, nos organizamos, hacemos una cena fría y no tardamos mucho en echarnos a dormir, tras explorar tímidamente el entorno, dejar la comida lejos de la tienda y colocar la cámara trampa, como siempre hacemos en estos viajes, por si nos visita algún animal salvaje, esperando que no nos encontremos algún oso junto a la tienda a la mañana siguiente. El jet lag hace que nos durmamos rápido, pero este año nos hacemos un propósito, nos levantaremos con el sol, ya que no queremos navegar este río más técnico a las 4 de la mañana, lo cual es perfectamente posible ya que en estas latitudes prácticamente no hay noche.
Día 2. Contrastes...por la mañana lagos tranquilos, por la tarde...pilas de troncos.
El título resumirá perfectamente el día, nos levantamos a una hora razonable, desayunamos lo que solemos desayunar en este tipo de viajes y travesías en general, proteína en polvo y cereales. Lo sé, no es el desayuno más sano, durante el resto del año evito el azúcar como un veneno, pero en este tipo de viajes no nos molestamos en diseñar una dieta sana y equilibrada que nos obligaría a complicar aún más la logística, así que nos vamos a lo fácil, simplemente llenar el estómago y la recompensa rápida de la comida no saludable. Unas tomas de dron, recogemos la tienda y el resto de nuestras cosas, Álex hincha el packraft por segundo día y...al agua patos! Hace un día espléndido, sol sin una sola nube en el cielo, el agua está cristalina, el lago como un espejo...



Al poco de salir, entramos en un canal que conecta Quiet lake con Sandy lake, este va a ser nuestro primer contacto con las aguas en movimiento, ya que en algún punto nos lleva a una cierta velocidad e incluso hay alguna piedra que esquivar. Nosotros únicamente tenemos la experiencia del año anterior con la canoa, sin contar salidas en lagos y aguas tranquilas, como nuestra travesía por Algonquin. Debido a esta falta de experiencia y la imposibilidad de realizar cursos de canoa en nuestro país, nuestra única posibilidad ha sido recurrir a vídeos para aprender a manejar una canoa. El problema es que...en los vídeos todo parece muy fácil, intentamos poner en práctica diferentes técnicas de remo, pero enseguida nos damos cuenta que esto no va a ser tan sencillo y que el río apenas nos va a dar unos pocos segundos para tomar decisiones, que deberán ser rápidas y decididas. Esto me genera algo de preocupación que se confirmará a lo largo del día...
La naturaleza que nos rodea es simplemente indescriptible, un manto de árboles infinito que desciende de las montañas hasta las orillas del río, sin rastro humano por ninguna parte, aire limpio, fresco, agua cristalina, la ausencia de contaminación acústica con el murmullo de la misma mientras nos dejamos llevar por la corriente, se convierte en una entrega total a ese mundo que nos rodea, a los brazos de una naturaleza que nos muestra su cara amable, pero que puede ser completamente despiadada con el ser humano, más aún con los urbanitas ( aunque me niego a considerarme como tal) que osamos adentrarnos en sus profundidades. El poema de La ley del Yukón ya lo dice: "Envíame a los más fuertes..." ( nosotros no lo somos).
Al llegar al Sandy lake, lo recorremos por el centro, desconozco su profundidad pero en cuanto perdemos de vista ese fondo arenoso que te hipnotiza, nos invade una negrura que contrasta con el entorno y ese cielo azul que nos anuncia un día espléndido.
Sandy lake
Tras pasar Sandy lake, volvemos a un canal estrecho que nos llevará hacia el último lago antes de entrar al río, el Big Salmon Lake, como se puede ver en la imagen de arriba es simplemente delicioso, si no fuese por lo fría que está el agua dan ganas de echarse a nadar, recorremos este tramo que es de lo mejor del viaje, buscando fauna en sus orillas ( antes de abandonar el Sandy lake escuchamos un ruido de un animal sin quedarnos claro de que tipo de animal se trataba, parecía un aullido). El Big Salmon lake es un lago grande, no se atisba el inicio del río, buscamos una playa donde parar a descansar y comer algo caliente.
Entrando al Big Salmon Lake
Dirigiéndonos hacia la playa.
La playa también es paradisíaca.
Encontramos huellas de lobo enormes.
No hay un restaurante que iguale esto.
Nos hacemos una comida caliente con el hornillo, llevamos sobres de comida preparada, listos para calentar agua y verter. Nos encontramos la playa llena de huellas de lobo, son grandes y profundas, como es sabido, los ejemplares de lobo gris pueden llegar a pesar hasta 70kgs, son animales poderosos, mucho más grandes que nuestros ejemplares ibéricos.
No tardamos en ponernos de nuevo en marcha, aunque de buena gana me hubiese quedado en esa playa a pasar la noche, ciertamente estaba sintiendo la llamada de lo salvaje. Pero era pronto y quedaba mucho día por delante, sabía que el río estaría alto, con más caudal de lo normal y me preocupaban los atascos de troncos. Tras un plácido recorrido conseguimos encontrar el inicio del río, estrecho, tranquilo, que no presagiaba lo que se avecinaba...pero antes de afrontar nuestras primeras sensaciones, paramos en la cabaña de Franz Six, es algo curioso de ver y sobretodo por la historia que tiene detrás. Franz Six era un aventurero creo que austríaco, que se desplazó a Yukón a vivir una vida solitaria y aislada. Estuvo dos años viviendo en esta cabaña que encontró y mejoró y remodeló, con la intención de organizar una travesía en trineo desde aquí hasta Fort McPherson, no conozco mucho más de su historia, salvo que falleció en su país en una avalancha de nieve. Estar ahí me traslada a otra época, la de los pioneros, los buscadores de oro, con el mismo escenario impasible al paso del tiempo, pero con la única posibilidad de viajar mediante la ayuda de trineos tirados por perros, posiblemente por ese mismo río y lagos que recorremos con la canoa, congelados y cubiertos de nieve, a temperaturas de hasta -40º en condiciones inimaginables.

El inicio del Big Salmon River!
Desembarcando en la cabaña de Franz Six
Cuando ves la cabaña te vuela la imaginación...
Supongo que cuando se trasladó aquí recopiló víveres para pasar el invierno, o eso o tendría grandes habilidades para la caza...
Tras la visita a la cabaña decidimos afrontar la parte movida del río, nuestro primer contacto es un tramo rápido y poco profundo, con apenas ola pero que permite adivinar el empuje y el carácter que nos va a ofrecer el Big Salmon estos primeros días, sin llegar a ser conscientes todavía del peligro que nos aguarda...una sucesión de curvas y tramos rápidos que nos hacen disfrutar al mismo tiempo que nos mantienen tensos y expectantes, precavidos pero ignorantes de la fuerza real del agua y el poco tiempo que puede proporcionar para reaccionar.
En la imagen nuestro primer tramo rápido ( que no rápidos), vemos pasar el suelo a gran velocidad.
Vamos siempre buscando el interior de las curvas, notamos como el río siempre nos quiere llevar hacia el exterior, precisamente donde se acumulan troncos arrastrados por las crecidas.
Nunca olvidaré este tramo del río, pristino, incorruptible...

Pero tampoco olvidaré el primer aviso, una curva cerrada a la derecha, obstruida parcialmente por troncos caídos, con apenas profundidad en el interior de la curva y una gran velocidad en la zona exterior, que nos atrapa apenas sin darnos cuenta y nos arrastra a gran velocidad hacia los troncos ( lo grabé en vídeo, pero es imposible apreciar en el mismo las inercias a las que nos sentíamos sometidos, la velocidad a la que se aproximaba la pila de troncos y los pensamientos que se acumulaban en la cabeza...). No hay que menospreciar jamás lo que supone un obstáculo en un río, si el agua pasa por debajo, es una trampa mortal, si la canoa se atasca, puede quedar fijada en una posición inamovible, semihundida, lo que supondría el final de la aventura nada más empezar, peor aún si ocurriera una desgracia personal...Nuestra escapatoria era la parte interna de la curva, tuvimos que poner todo nuestro empeño en un frenético movimiento de remos con todas nuestras fuerzas...una descarga de adrenalina en toda regla. Álex con el packraft parecía que iba de paseo...( durante el viaje siempre hacía la comparación de que Álex llevaba una embarcación ligera y ágil mientras que nosotros llevábamos el equivalente a un buque mercante, torpe, lento en las maniobras, aunque también hay que decir que estable y que cortaba las olas, a diferencia del packraft que daba unos botes de impresión).

El río nos ha enseñado su fuerza, porteamos la canoa para esquivar el obstáculo.
Curvas cerradas, era necesario ir parando y avistar...
Y llegamos al tramo que considero más crítico del río, parcialmente obstruido por troncos, dejaba un estrecho paso con una curva a la derecha, con toda la fuerza del agua empujando hacia dicha pila de troncos. A pesar del aviso reciente, todavía no éramos conscientes de donde nos estábamos metiendo, de la fuerza del agua y el poco control que teníamos sobre la canoa, en lo relativo a la dificultad de ese paso. Estoy plenamente convencido que si lo hubiésemos intentado hubiésemos acabado bajo los troncos en el peor de los casos o en el agua con todas nuestras pertenencias, la comida, los sacos de dormir...río abajo, ya que ni siquiera habíamos atado nuestras cosas. Considero remota la posibilidad de tener una habilidad innata para el manejo avanzado de la canoa y haber salido airosos de dicha curva, pero la providencia nos echaba una mano...antes de dirigirnos hacia las fauces de la corriente, vimos a alguien moverse en la orilla izquierda del río. -"Ahí hay gente!" No tardamos en dirigirnos hacia el lateral, saliendo de la zona problemática. Dábamos por hecho que cualquier persona que encontrásemos en el río, tendría más experiencia que nosotros, que si ellos no pasaban por el río, era que no se podía pasar. Así que donde fueres, haz lo que vieres, nos encontramos a cuatro alemanes con dos canoas y aspecto militar, equipados con cuchillos y pantalones de camuflaje...a partir de ese momento únicamente nos los encontraríamos en los atascos de troncos y una última vez cuando nos adelantaron un día de lluvia que decidimos parar todo el día, para no volvernos a ver. Respetamos siempre escrupulosamente el orden de llegada al obstáculo y no tuvimos la ocasión de darles las gracias por ello, les cedíamos la decisión de sortear el atasco por el margen derecho o el izquierdo...si por casualidad, aunque lo dudo, leyeran estas líneas, damos las gracias por haberlos encontrado y espero que disfrutasen el río como lo hicimos nosotros.

Sacamos el dron para reconocer el siguiente obstáculo.
Tras el que considero el punto crítico del viaje, el que habría marcado una suerte distinta para nosotros, el resto del día se convirtió en una sucesión de atascos de troncos, hacia los cuales, como no, la fuerte corriente nos arrastraba con decisión, comportando largos porteos de todas las pesadas bolsas, el bidón repleto de comida que estaba en su peso máximo al inicio del viaje y, como no, la pesada canoa que arrastramos como pudimos por fuera del río. El segundo obstáculo y todos los siguientes los sortearíamos por el margen derecho del río. Por cierto, la tecnología nos jugó una mala pasada en este viaje, a punto estuvimos de perder el dron, ya que al no tener cobertura, mi smartphone no podía conectarse a la cuenta de DJI, con lo que el dron me limitó la altitud y distancia a las que podía volar, esto comportó que con el viento, no pudiese traer el dron de vuelta hacia mí, teniéndolo que aterrizar en la orilla opuesta en una maniobra desesperada. Álex se dirigió con el packraft a recuperarlo, de todos modos teníamos que ir hacia allí con la canoa para evitar chocar con los troncos.

Acumulando el material en la orilla, el bidón pesaba muchísimo.
Atasco de troncos al fondo.
Bear, bear!
Al final del último atasco importante del día...
Detrás de esta curva a la derecha nos esperaba otra sorpresa...
Se podía salir por la derecha sin portear, pero aunque no lo parece el agua tenía mucha fuerza, perder la salida significaba acabar contra la pila de troncos. Un corto porteo y ya estábamos de nuevo en el agua.
Estábamos ya muy cansados y decidimos parar en la primera playa que encontramos, estamos agotados, desembarcamos y montamos la tienda, se aprecian nubes amenazadoras en el cielo que nos animarán la noche con una sinfonía de truenos.
Día 3. Los últimos atascos de troncos ( log jams).
Amanece con nubes y niebla que no tardarán en despejar dando paso de nuevo a un espléndido día. Abandonamos el campamento improvisado en la playa en una curva del río y nos disponemos a proseguir nuestra aventura. Ha llovido bastante durante la noche y un auténtico disfrute escuchar los truenos desde la calidez del saco y la protección de la tienda.
Tras un tramo de aguas relativamente tranquilas, llegamos a otro atasco.
En este atasco de troncos nos encontramos de nuevo a nuestros amigos alemanes, nos explican que donde han dormido ellos, esta mañana han encontrado mierda de oso reciente, que no estaba cuando se fueron a dormir, parecían preocupados por ello, aproveché para contarles el chiste de la mierda de oso: "Sabéis en qué se diferencia la mierda de un oso negro de la de un grizzly? En que la de grizzly tiene cascabeles y huele a pimienta..." (Muchos senderistas usan cascabeles en sus pantalones para avisar de su presencia, pensando que el oso abandonará el lugar al aproximarse alguien, hay quien dice que esto podría tener el efecto contrario, nosotros nunca lo hemos usado, pero sí llevamos siempre el spray de pimienta...). Este porteo no tiene ninguna dificultad.
Huellas de lobo en el porteo, están por todas pates.
Álex porteando el packraft, alejándose.
La canoa esperando su turno.
La arrastramos por el agua.
Porteo superado, continuamos río abajo.
Cuando pensábamos que habíamos terminado los atascos de troncos, nos encontramos otro de forma inesperada, pero lo reconozco de los vídeos que había estudiado. Ahora sí, tenía la certeza de que sería el último, salvo la posibilidad de encontrar algún tronco caído aislado que nos cortara el paso, no habría auténticos diques de troncos cerrando el paso...en este último tocaría subir la canoa por una pequeña colina.


Aquí dejamos atrás a los alemanes que diseminan sus pertenencias en una explanada para intentar secar todo lo que pueden al sol. Nosotros decidimos continuar por un tramo bastante tranquilo, pasando por pintorescos cortes en las orillas ( cutbanks), provocados por la erosión del río. Decidimos parar en una playa a comer, junto a uno de los cutbanks. La playa, como no, está repleta de huellas de lobo, en esta ocasión hay huellas también de lobeznos. Ya sabía por alguna lectura, pues me había informado el año anterior, que en esta zona del Big Salmon es especialmente abundante el lobo y el caribú, una de sus presas, así como los castores.
Serreta grande ( Common merganser)


Paramos a comer aquí.
Huellas de lobo.
No tiene precio, no necesito manjares.
Proseguimos, encontramos otra playa un poco más abajo, todavía es relativamente pronto y decidimos saltarnos esta playa para avanzar un poco más, lo que resulta ser un error, a partir de aquí nos encontramos un río lento pero que se acerca peligrosamente a una zona de rápidos, queremos dormir antes de afrontar ese tramo, pero a partir de esa playa las orillas están totalmente cubiertas de vegetación y no encontramos ninguna playa ni claro en el bosque donde plantar la tienda.
Empezamos a pensar que nos tocará hacer el tramo difícil y estamos muy cansados.
Afortunadamente, decidimos parar en la orilla izquierda, vemos una zona algo despejada de vegetación, me bajo pero es imposible montar la tienda allí, es un terreno irregular, lleno de barro y huellas de lobo a lo largo de toda la orilla. Pero el hecho de parar allí nos permite visualizar en la orilla opuesta, un poco más arriba, un pequeño claro en el bosque, parece un campamento de aguas altas. Álex coge el packraft y remonta el río en dirección al claro, nos confirma que es una zona de acampada, así que remontamos el río con la canoa y hacemos ferry hacia la otra orilla. Hemos tenido la suerte de encontrar un sitio para dormir, pero al estar dentro del bosque y no en una playa no tardaremos en arrepentirnos, las hordas de mosquito atacan con fiereza y no nos abandonarán hasta que no nos marchemos al día siguiente, únicamente encontramos alivio dentro de la tienda y tenemos incluso que montar la mosquitera para poder comer en paz.
Plantamos la tienda en un lugar poco menos que inquietante, situado en altura junto a la orilla del río, el patio trasero de nuestra tienda está conformado por lo más profundo del bosque, mi imaginación no puede evitar situar un oso grizzly dirigiéndose hacia nosotros en cualquier momento, ya sea durante la noche o mientras estemos haciendo vida fuera. Es un entorno salvaje, remoto, inhóspito, bonito pero con toda la dureza que puede ofrecer una naturaleza indómita, que conserva la esencia de tiempos remotos, donde sobrevivían únicamente los más fuertes, los más adaptables...
Hay un pequeño sendero que se adentra en el bosque y recorre una loma, desde la cual se pueden divisar unos humedales, aquí veo una buena oportunidad para ver alces, pero no tenemos esa suerte. La primera vez me adentro sin el spray de osos, yo solo, rápidamente me doy cuenta y retrocedo. Posteriormente salimos los tres a explorar hasta la zona del humedal, pero nos damos cuenta que nos hemos puesto el repelente de mosquitos, que tiene un olor fuerte y dulzón...no atraería ese olor a los osos? Una de las reglas que hay que cumplir al dormir en zonas oseras, es no esparcir olores, pues error! Hemos esparcido nuestro olor a lo largo de unos 500-750m dentro del bosque. Ya no hay marcha atrás y tampoco vamos a desmontar campamento...
El patio trasero de la tienda.
El humedal.
Vistas desde la tienda y abajo la canoa amarrada en el río.
No sin la mosquitera.
Un poco de lectura, como no: La llamada de lo salvaje, de Jack London.
Nos dormimos con el sol entrando por la tienda y el zumbido de las hordas de mosquitos que, como muertos vivientes nos acechan en el exterior, estamos atrapados y rodeados de seres vivos sedientos de sangre.
Día 4. Underwater boulder garden ( el jardín de rocas sumergido).
Abandonamos el campamento sin entretenernos demasiado, ya que los mosquitos empiezan a hacerse notar. No hemos recibido ninguna visita con el potencial de alterar nuestro sueño de forma palpable.
Pasamos de largo Sheep creek y encontramos tramos con agua alegre, rápido, sin llegar a levantarse olas pero que me recuerda al tramo inicial que tuvimos movido, esta vez sin atascos de troncos. Únicamente tenemos que vigilar con no dejarnos arrastrar hacia el exterior de las curvas.
Aquí el agua va rápido, pero no hay olas visibles.

Sí que nos encontramos algún eddy ( remolino) bastante fuerte.
La gran sorpresa del día, un oso corre a lo lejos en la orilla de enfrente, apenas se puede ver en la imagen, es un punto negro, pero era grande. Inicialmente pensé que era un oso grizzly pero, sinceramente, a esa distancia no es posible diferenciarlo de un oso negro adulto de buen tamaño.

En algunas zonas se levanta algo de ola, es un tramo del río muy disfrutón con la canoa.
En alguna zona hay tan poca profundidad que nos embarrancamos. Es engañoso, no hay que subestimar el río pues tan pronto pasas por zonas poco profundas como de repente no ves el fondo, con esa velocidad por encima de la rodilla o cadera, el agua ya te arrastra...
Las curvas muy cerradas nos obligan a esforzarnos.
Hay que tener cuidado con los sweepers, árboles caídos que te pueden hacer caer de la embarcación al agua, pasa la canoa pero tú te quedas...
Decidimos detenernos en una playa a comer caliente, como cada día. El lugar es muy bonito.
He dicho que hay huellas de lobo por todas partes? Y también heces de castor.
Comida caliente.
He mirado la previsión meteorológica y me da lluvia para mañana, de hecho sopla viento del norte que hace bajar la temperatura rápidamente y se aproximan nubes por el horizonte. Poco a poco se irá transformando el día virando de un azul profundo a una paleta de grises.
Las nubes avanzan rápido.
Vamos alternando zonas tranquilas con otras a gran velocidad, no me he abrigado y sin darme cuenta voy perdiendo temperatura.
De nuevo algún fuerte remolino que nos desestabiliza.
Vamos a toda velocidad.
Parada obligada en esta playa de piedras, he cogido mucho frío.
Al no haberme abrigado, poco a poco el frío me va calando hasta lo más profundo, suele ocurrirme siempre de forma imperceptible, enfrascado en lo que estoy haciendo, no me anticipo y no reparo en la pérdida de calor hasta que ya estoy en la antesala de la hipotermia. Nos paramos en esta playa y tengo muy mal cuerpo, por suerte al ponerme las capas de ropa extra y tomar la proteína de chocolate caliente ( lo más parecido a un chocolate a la taza que aquí podemos tener), recupero rápidamente el calor. Me había planteado incluso dar el día por concluido, pues teníamos a continuación el temido, para nosotros, boulder garden. Lo habíamos estudiado minuciosamente en vídeos, un tramo del río repleto de rocas que sobresalen del agua, otras semisumergidas...en un tramo rápido que obliga a virar la canoa en movimientos rápidos para esquivarlas. Uno de los grandes peligros es golpear transversalmente con una de las rocas en uno de los cambios de dirección, lo que puede hacer que te quedes completamente bloqueado, volcado y en el agua, por no hablar del riesgo de quedar atrapado entre la roca y la canoa, es una seria advertencia por parte de los expertos que eso se debe evitar a toda costa, pues la fuerza que ejerce el agua impide que te puedas liberar, es como si te aplastaran con más de 100kgs contra la roca.
Recobradas la temperatura y las fuerzas, me siento con valor para afrontar el boulder garden, siento una gran responsabilidad, viajar con la familia es una presión extra que te obliga a no cometer el más mínimo error.
La playa que me reconfortó y donde vimos nuestra primera águila calva.
Nos acercamos al temido boulder garden.
He estudiado vídeos, he incluso memorizado alguno de los tramos, conozco la disposición de algunas rocas de memoria...
Este tramo empieza a ponerse serio, aparecen olas más respetables y sobretodo mucha velocidad, el río no está en las condiciones habituales, es más rápido por el caudal, remar hacia atrás para reducir velocidad permite bajar algo la misma, pero sin conseguir ofrecer demasiado tiempo extra para evitar un obstáculo, a diferencia de los vídeos que tenía visualizados...repito, este río es otro...de hecho, dónde están las rocas?
Álex con su packraft pasando el tramo más delicado. Aprovechamos la manejabilidad del packraft para ir de avanzadilla, nos va indicando los puntos donde hay rocas. Establecemos un código con los silbatos pero apenas lo utilizamos.
Apenas consigo ver alguna roca, están sumergidas! El caudal de agua es tan alto que las rocas están totalmente sumergidas o como mucho superficiales con el agua pasando por encima, absolutamente ninguna roca emerge del agua. A pesar de ello, tenemos que esquivarlas igualmente, pues detrás de las rocas se generan "agujeros" que indudablemente nos harían volcar en caso de pasar por encima, por no hablar de las rocas superficiales que tendrían el mismo efecto.
Las olas fijas nos suelen advertir de la presencia de rocas.
Superamos el boulder garden, sumergido...respiramos con alivio, dejamos escapar alguna exclamación de euforia, ahora tengo calor...
Llegamos a una isla en un escenario incomparable, nos encontramos de nuevo un águila calva, con una montaña en la otra orilla que tiene unas paredes de roca impresionantes. Al bajar Álex mete los pies en una zona de quick mud ( arenas movedizas o barro movedizo), no es profunda, pero es una muestra de lo que puede suceder si caes en un lugar así, sin fondo...es famoso por ello el Slim's trail en el parque nacional de Kluane, de hecho Slim se llamaba un caballo que perdió allí la vida al hundirse en las arenas movedizas ( me recuerda al caballo de la historia interminable).
Montamos aquí la tienda, ha sido un día realmente intenso, como todos...mañana la previsión es de lluvia todo el día, ya decidiremos lo que hacemos.
Día 5. En dique mojado.
Ha estado lloviendo toda la noche y sigue lloviendo durante la mañana, es ya muy tarde, son las 11 de la mañana y seguimos en la tienda, consultamos la previsión meteorológica y pinta mal para hoy...no está previsto que cese la lluvia hasta las ocho de la tarde. Decidimos que nos vamos a quedar hoy en el campamento y no vamos a navegar.
Una de las tareas que hacemos durante el día es montar el tarp y hacer un vestíbulo donde colocar las sillas.
El paisaje es de los más bonitos que hemos tenido hasta la fecha.
Oteando el paisaje con los prismáticos.
Sesión de lectura, leyendo el libro "La llamada de lo salvaje"
Jugando a cartas.
Dado que tenemos tiempo de sobras, aprovechamos para hacer algunas cosas pendientes, como el diario de viaje, planificar el resto de días, kilómetros pendientes...también jugamos a cartas o buscamos fauna con los prismáticos, volamos el dron a última hora de la tarde cuando deja de llover...un día diferente atrapados en un lugar que parece irreal, alejados de cualquier atisbo de civilización y de otros seres humanos ( bueno, esto es discutible, mientras desayunamos, vimos pasar a los alemanes que han optado por proseguir su aventura bajo la lluvia).
Una imagen vale más...
Día 6. Pisar mierda de oso da suerte.
Ayer por la tarde vimos un castor fugazmente, de aquí para allá...esta noche al parecer ha estado despertando a mi mujer con el splash de su cola, yo ni me he enterado.
A las 7 de la mañana ya estamos en marcha, abandonamos este lugar donde finalmente hemos pasado dos noches y nos hemos impregnado de la esencia del Yukón. A veces es importante parar y contemplar, porque no se ven las cosas de la misma manera...
Durante el descenso encontramos algún riffle ( pequeños rápidos), encontramos a los alemanes acampados en una orilla. Parece que vamos a tener sol, aunque a lo largo del día se irá tapando de nuevo y, con el viento del norte, la temperatura es bastante baja.
Poniéndonos en marcha.
Riffles y eddies, eddies y riffles...
Aunque no parece que tenga tanta fuerza, el agua se nos lleva siempre hacia donde no queremos.
Entre riffle y riffle hay tramos tranquilos que nos permiten disfrutar del entorno sin estar tan concentrados en el agua.
Vemos otra vez estas aves ( Common merganser)
Giros cerrados y cutbanks.
Giros de 180º
Inesperadamente otro atasco de troncos que nos obliga a dar un rodeo por un zona muy remansada y lenta.
Evitando el agua en la zona del atasco.
En las desembocaduras de afluentes, es habitual que se formen olas.
Cuando el río se acelera, es divertido a pesar de la tensión, una tensión que es más por el miedo a caer al agua con todo el equipaje que por el riesgo real de desequilibrarse...
Había un punto en el mapa que nos preocupaba, ya que se podía leer: "Caution: Strong eddy at high water". "Precaución, fuerte remolino con agua alta". En realidad al pasar ese punto que nos preocupaba, no resultó ser para tanto, pero hubo otro punto donde el mapa no señalaba nada y, si nos descuidamos, volcamos...
Es un río muy tortuoso.
Van apareciendo nubes.
Encontramos gansos canadienses.
Tras casi 28kms paramos en una playa a comer.
Aquí vemos pasar a los alemanes y ya no los volveremos a ver...
Tras la comida el tramo que nos quedaba hasta el campamento era bastante tranquilo, nos dedicamos a buscar una corta ruta de senderismo que teníamos marcada en el mapa, a lo largo de un esker, que es una estructura formada por un antiguo glaciar.

Buscando el esker, aquí no es...
Gracias a Álex damos con el lugar adecuado.
Aquí atamos la canoa y el packraft y tras un reconocimiento hasta un lago, decidimos que estamos en el lugar adecuado, salimos los tres a recorrer la ruta, spray en mano, hasta que escucho unos gritos, mi mujer ha pisado una mierda de oso, voy a comprobarlo, efectivamente lo es y además es reciente, está muy blanda y parece de oso grizzly. Decidimos por seguridad dar la vuelta y dar la breve excursión por concluida.
Caca de oso.
Dando la vuelta.
Encontramos un pequeño arroyo que remontamos para coger agua.
La desembocadura de dicho arroyo en el Big Salmon River.
Día nublado, nos acercamos al que será el campamento de hoy.
Aunque se trata de una isla, los mosquitos están muy activos, volvemos a montar la mosquitera. Aprovechamos el tiempo restante para cargar baterías, escudriñar las montañas con los prismáticos ( que parecen de cuento, con diferentes capas, cuevas probablemente habitadas por animales...) y otros quehaceres.
Día 7. A toda marcha.
Nos da los buenos días un sol radiante.
Cereales con batido de proteína.
En marcha!
Un águila calva nos observa.

Al poco rato aparecen los primeros rápidos, zonas poco profundas donde nos desplazamos a gran velocidad.
Y como es habitual, vamos alternando con tramos tranquilos.
Se acerca de nuevo la diversión.
Relax.
El mapa de papel es muy útil, tengo señalados los tramos de rápidos en color naranja. De todas formas no es tan útil como el año anterior, ya que de vez en cuando tengo que ayudarme del GPS para ubicarme, el Big Salmon es demasiado retorcido y a menudo no sabes en que curva estás.
Proyecto de sweeper, el día que caiga bloquea todo el río.
Olas.

Vemos pasar el fondo a toda velocidad.

Aquí se forma un buen eddy junto a las rocas.
La comida de rigor, hasta aquí ha sido muy divertido, el río ha cogido mucho carácter.
Esta pasta picaba como mil demonios, pasta buffalo. Álex se va sentando en troncos ya que únicamente hemos traído dos sillas, aunque de vez en cuando nos las quita. Nos dice que hemos decidido que él no tendría silla, yo le digo que es joven!
De postre, cacas de alce ( moose). También nos hemos dado el capricho con unas poco sanas patatas pringle. Las cacas de alce las llamamos así porque se parecen, pero son frutos secos con chocolate que quede claro.
Desde la playa hemos visto pasar a las dos parejas canadienses, nos los cruzamos anteriormente un par de veces pero a partir de aquí ya no los volvimos a ver tampoco, igual que a los alemanes.


Hoy está siendo un día emocionante en el agua, nos sentimos cómodos.
Nos bañamos en el Big Salmon, las heladas aguas no permiten estar mucho rato en ellas...
Relax post-baño.
Concluimos un nuevo día, planificando el siguiente. Nos acabamos hoy el libro de Jack London.
Hoy nos hemos encontrado un río muy vivo, con movimientos de agua aumentados por varios afluentes que íbamos encontrando, que generaban corrientes a cruzar, con un sol espléndido. Hemos pasado una zona un poco complicada donde las olas eran más fuertes y el río no tenía nada que ver con lo que nos indicaba el mapa, riffles que no estaban marcados...supongo por las aguas altas. Y el paisaje con unas montañas de fondo impresionantes.
Nos quedamos a dormir muy cerca de la desembocadura del South Big Salmon River, a 108km de la desembocadura en el río Yukón...
Día 8. Esto se pone serio.
Parece ser que hemos tenido la visita de un castor en la playa, hay huellas...hoy no he dormido demasiado bien, me desperté a las dos de la mañana y mi mujer tampoco durmió demasiado bien, pues estuvo toda la noche escuchando el splash de la cola de un castor...
Leave no trace, nos vamos!
La desembocadura del South Big Salmon River, aquí se forman unos remolinos muy marcados, Álex se mete casi directamente encima y nos comenta que se veía perfectamente el agujero que se había formado...


Según el mapa en la página siguiente hay rock and roll, buscaremos un sitio donde parar a comer y decidir si continuamos o no por hoy.
Cada rincón del río es único, cada curva, cada nuevo tramo merecería un reportaje.
Pararemos aquí a comer, en un high water camp, nos ha costado encontrar un sitio donde parar ya que no había lugares propicios para parar. Hoy hemos visto dos águilas enormes nada más empezar, common merganser...
El lugar, como no, es bonito, un bosque de esos que hacen volar la imaginación y los miedos, muchos mosquitos y senderos de animales.
Decidimos continuar. Si lo dejábamos para mañana nos hubiese obligado a salir con el sol algo elevado, por aquello de no caer al agua sin sol y con bajas temperaturas.
La desembocadura del North Big Salmon River, aquí se notará el aporte de caudal extra, el río Big Salmon no para de crecer...
Empieza el rock and roll, una auténtica montaña rusa de emociones.
Vamos muy nerviosos ya que no nos podemos permitir chocar con una de estas olas con la canoa.
Para el packraft es pan comido.
Pero tampoco se puede bajar la guardia.


Despegue!
Ha sido un tramo muy intenso, encontramos una playa y no nos lo pensamos dos veces, no sabíamos que todavía nos quedaba emoción, ilusos de nosotros pensábamos que había concluido todo y al día siguiente nos daríamos cuenta que no. En todo caso, habíamos pasado zonas muy delicadas con la canoa, ya en un río caudaloso y más profundo, en el que hubiese sido muy mala idea caer al agua y vernos arrastrados por esa fuerza del agua.
Los mejores campamentos, en las playas. Una isla paradisíaca, sin duda.
Volamos el dron. Reconocemos la isla y el entorno. Nos llueve algo ya que se forman nubes de tormenta, montamos la cámara trampa en el bidón, jugamos a las cartas y nos vamos a dormir tras la cena.
Día 9. El lince. El rock and roll todavía no se ha acabado...
Hoy se nos han pegado los sacos.

Ya desde el principio va a resultar emocionante.


El río hoy nos va a sorprender, las olas son más grandes que el día anterior.



Después de 8 días en el río, nos sentimos ya muy cómodos en esta situación.
Desde el packraft se ven mejor las olas.

Llegamos a una zona "tranquila" y Álex nos empieza a hacer unos ruidos, queriéndonos avisar de lo que acaba de ver, intenta advertirnos pero intentando no espantar al animal. Lo que se ve en la imagen, aunque no se ve realmente nada, es un lince, uno de los animales más elusivos, junto con el glotón, que se puede tener la fortuna de avistar. El animal se sorprende tanto como nosotros, se queda inmóvil como una estatua y no se marcha tampoco. No se el motivo pero no saqué la cámara con zoom, encendiendo en su lugar la insta 360, que es una cámara de acción que no sirve absolutamente para nada para este tipo de avistamientos. Igual que pasó con el oso que vimos, lo único que nos muestra son unos píxeles en los que tienes que poner imaginación y adivinar que eso es lo que habías visto con tus propios ojos.
Estamos felices por el avistamiento, proseguimos nuestro camino. Habíamos intentado dar la vuelta e intentar luchar contra corriente para volvernos a acercar, pero resultó imposible, el río ya lleva demasiada fuerza.
Llegamos aquí a un punto crítico, en el mapa no parecía que íbamos a encontrar algo así, dimos por hecho que el mapa hace referencia a caudales promedio, no aguas altas. La corriente es fuerte y nos empuja hacia la orilla derecha del río, hacia un saliente donde choca furiosamente contra unos troncos y la propia orilla. Al vernos empujados tenemos que remar para alejarnos de ahí y al mismo tiempo encarar las olas de frente para evitar movimientos extraños o que nos desequilibren. Este punto nos pilló completamente con la guardia baja, era tremenda la fuerza y la velocidad con la que nos vimos arrastrados.


Vamos a toda pastilla.
Siguen las olas.
Encontramos una playa donde parar a comer y reponernos de tantas emociones. Salvo algún pequeño y corto tramo, prácticamente ya hemos pasado todo lo que nos podía supone alguna dificultad. Hay que reseñar que no es un río de iniciación, pero tampoco es un río para expertos, simplemente se puede atragantar y mucho si la única experiencia que tienes en canoa es en aguas planas, lagos o ríos como Yukón, donde tienes muchísimo tiempo de reacción al tratarse de un río muy ancho. Aquí es otra historia, corriente fuerte, estrecho y con muchas curvas...
Según el mapa estamos casi en la desembocadura, nos da algo de pena que se acabe el Big Salmon.

Nubes amenazantes.

Pasamos junto a un imponente cutbank con un gran derrumbe.
Y finalmente llegamos al río Yukón, queríamos quedarnos a dormir en una playa antes de la desembocadura, pero al estar el agua alta, la playa está sumergida. Con sentimientos encontrados, llegamos al gran y poderoso Yukón, que el año pasado nos descubrió un mundo inimaginable para nosotros.

Reconozco inmediatamente este lugar del año pasado, decidimos que si no hay nada raro, nos vamos a quedar a dormir aquí, al igual que hace poco más de un año.

Salimos a dar un paseo los tres en la canoa, nos adentramos en un creek que hay junto al campamento.
Después decidimos subir al cutbank, mientras subimos nos encontramos con una sorpresa posada en un enorme tronco ahí arriba...
Más majestuosidad imposible.
Tras disfrutar de las vistas emprendemos el peligroso descenso, mi mujer finalmente no se atreve a subir, esperándonos abajo.

Una simpática ardilla nos viene a saludar mientras estamos junto a la tienda.
Álex quiere probar la canoa, aprovechamos para ir a recoger agua al creek, así no la tendremos que filtrar, pues el agua del Yukón está cargada de sedimento.
Junto al creek encontramos unas huellas que parecen de lince.
Recogiendo agua.
Le enseño unas maniobras básicas a Álex.

Una vez más, un día muy muy intenso.
Ya es tarde y nos iremos a dormir...
Toma de dron.
Día 10. Ramas rotas. Dutch bluff.
El día anterior pasamos momentos magníficos aquí, nos despedimos por segunda vez de este lugar.
Pasamos junto a los impresionantes acantilados formados por la erosión.
Estas zonas de erosión están constantemente en movimiento, cuando pasamos junto a estas laderas cae arena de varias zonas como si de un pequeño arroyo de arena se tratase. Es realmente peligroso pasar junto a estas zonas, pero uno siempre piensa que no le va a tocar, que sería mucha casualidad que se derrumbara justo en el momento que pasas...aunque ves derrumbes enormes y no hace falta mucha imaginación para saber la ola que se debe formar y las consecuencias que puede tener, eso si no te caen metros y metros cúbicos de arena encima enterrándote en el lecho del río...no hay que subestimarlo. Aún así pasamos bien cerca para contemplar como caían piedras y arena en todo momento, la erosión es constante.
Estábamos buscando el Dutch bluff, un montículo al que se puede subir y obtener una gran panorámica del río Yukón, la curva del 4 de Julio ( 4th of July bend)...pero por error nos detenemos en un lugar previo, buscando el acceso a la colina adyacente me meto yo solo en el bosque, mientras ellos se quedan en la canoa y el packraft esperando. El bosque es muy cerrado, hay muchos troncos muertos en el suelo y ramas que voy pisando, me detengo y sigo escuchando brevemente ramas rompiéndose, pero al no localizar bien de donde procede el sonido, pienso que he sido yo con el chaleco rompiendo alguna rama que tengo detrás. Prosigo adentrándome en el bosque, es oscuro y tiene un aspecto tétrico. De repente me detengo y ahora sí, escucho claramente un sonido de ramas rompiéndose muy cerca de mí, apenas serán 15-20 metros. No veo nada, pero tampoco espero a que haya contacto visual, salvo rápido hacia la canoa, sin correr pero andando muy muy deprisa, es un animal grande, seguro, podría ser un alce, podría ser un oso, no me quedo a comprobarlo, conozco la pauta a seguir de memoria en caso de encuentro con un oso, no hay que correr, pero como no lo he visto pienso para mí que no se trata de un oso y que, como he dicho, no me voy a quedar a comprobarlo, me voy girando para asegurarme que nada corre detrás de mí, llego a la canoa, respiro y lanzo una consigna: "Vámonos de aquí!"
Ahora sí, llegamos al Dutch bluff, cómo podía haber pensado que era el lugar donde habíamos parado antes? Esto es una playa totalmente accesible, enorme, se ve claramente el acceso al promontorio, lo de antes era un desembarco cerrado y un bosque denso e impenetrable.
Tenía unas ganas enormes de andar, un corto sendero fantástico y con vistas inmejorables.
Las vistas al 4th of July bend.
Abandonamos el lugar, no hemos tenido encuentros con fauna.
El cielo se vuelve amenazador y paramos precipitadamente en Twin creeks, un campamento potencial que se encuentra junto a dos arroyos, de ahí el nombre. Montamos incluso la tienda pensando que el chaparrón es inminente, pero no llueve. Una vez más, por no abrigarme apropiadamente y al soplar viento del norte ( está haciendo frío estos días), vuelvo a coger algo de hipotermia, me cuesta bastante entrar en calor, aunque sentado en la silla, aprovechando un poco de sol antes de las tormentas amenazadoras y con un caldo caliente, me voy recuperando.
Este es el día a día, sol espléndido por la mañana, nubes de tormenta a partir de medio día.
Me adentro en el bosque por un sendero que parece interminable, hasta que considero que ya estoy demasiado lejos del campamento.
Justo decidimos salir al no llover y...la lluvia nos estaba esperando.
No es la primera vez que nos sucede esto.
Pasado el río Little Salmon y la villa de las primeras naciones, encontramos una playa. Aquí nos vamos a quedar.
Montamos la tienda, hacemos la rutina diaria y se pone a llover, nos metemos dentro.
Salgo de la tienda cuando deja de llover, no recuerdo exactamente para qué, únicamente recuerdo mirar a las montañas de enfrente, ver algo muy grande moviéndose al fondo y exclamar algo como: "Venid, un oso! Un oso!"
Un enorme ejemplar se mueve majestuoso por el bosque, está relativamente cerca, se desplaza, para nuestra tranquilidad, hacia la derecha de la imagen, si lo hiciese hacia abajo y en dirección al río no estaríamos tan tranquilos, sabemos que cruzan los ríos y además lo hacen bien y rápido si les interesa.
El sol casi se pone ya, hemos pasado nuestro primer día completo en el río Yukón, el que nos abrió la puerta a este formato de aventuras. Esta noche dormiremos con un ojo abierto y otro cerrado, hemos perdido de vista al oso y no sabemos a ciencia cierta hacia donde se dirigirá, aunque confiamos en que no venga hacia nosotros.
Día 11. Viento del norte y concierto de David Piqueta.
Nos levantamos tarde, he dormido como un lirón sin inquietarme lo más mínimo por el oso grizzly que nos merodeaba.
Tras la rutina habitual, secar al sol lo necesario, cargar baterías con la placa solar...ponemos rumbo a las embarcaciones.
No tenemos prisa, estamos muy cerca de nuestro destino, Carmacks, así que nos dedicamos a explorar todo lo explorable, entramos en un creek, que nos llama la atención por el color café de sus aguas.
Lo que te puedes llegar a perder si no vas con espíritu explorador es mucho.
Vemos peces enormes desde arriba, son Pikes, unos ejemplares enormes con buenos dientes, creo que son bastante apreciados por los pescadores, nosotros preferimos dejar intacto nuestro entorno a nuestro paso, eso incluye a cualquier ser vivo, no necesitamos matar a ningún pez que habita estos ríos, llevamos suficiente comida y no nos vamos a morir por no ingerir unos días el balance perfecto de macro y micronutrientes.
Álex baja a explorar un posible acceso a las montañas, no hay ningún sendero visible, salvo los que hacen las ardillas, pues está todo lleno de madrigueras.
Encontramos otro creek más adelante, aquí el agua es cristalina y aprovechamos para coger agua, que no tendremos que filtrar y únicamente añadir la pastilla potabilizadora ( siempre hay que ponerla, pues si hay castores, puede haber Giardia, que obliga a desinfectar el agua).
Bajamos nuevamente a buscar algún posible sendero que conecte con las montañas de detrás, tenemos ganas de hacer alguna caminata pero no queremos aventurarnos campo a través.
Llegamos por un corto sendero al punto donde habíamos cargado agua.
Proseguimos, el viento del norte azota cada vez más fuerte, haciendo muy difícil el avance y a pesar de la fuerza del río. Pasaremos junto al Giant Frog's Den ( el nido de la rana gigante), que según las primeras naciones que habitaron aquí, obliga a pasar en un respetuoso silencio, si no queremos que el viento nos cause problemas. Dos veces hemos pasado en dos años con esta, las dos veces nos ha soplado un viento bastante fuerte, esta vez la peor sin duda, no quiero ni pensar si no hubiésemos sido respetuosos.
Agotados, paramos donde podemos. Comida caliente y reponer fuerzas son la prioridad. Aquí no está señalado en el mapa, pero hay unas mesas de madera improvisadas que alguien ha hecho e incluso un somier y un anillo de fuego, probablemente este campamento lo utilicen los locales que vienen con embarcaciones a motor.

Al agua patos.

Un día duro remando contra el viento, aprovechamos cualquier brazo lateral del río para parapetarnos detrás del bosque, sin viento es una maravilla, mucho más divertido por la velocidad del agua y nos recuerda mucho al Big Salmon.
Tras una dura jornada remando contra el viento, agotados, paramos en una playa paradisíaca que no esperábamos encontrar tan cerca de Carmacks, no desaprovechamos la oportunidad y nos instalamos aquí. Como siempre, jugamos a cartas, escudriñamos el paisaje con los prismáticos y...aprovechamos para darnos un baño en las gélidas aguas del Yukón, los gritos se escucharon en 100kms a la redonda.
Bailando al ritmo de David Piqueta, primo de David Guingueta y familiar lejano de David Gueta.
Cuando estás de vacaciones, la dieta no se mira, nutella y lo que se tercie es bienvenido.
El baño de los alaridos.
Escudriñando el paisaje.
Jugando al virus. Estoy algo triste por la finalización del viaje, mañana llegamos a Carmacks y nos recogen a las 12 para trasladarnos a Whitehorse, la capital de Yukón.
Día 12. Fin de la aventura.
Toca recogerlo todo y organizarnos para la vuelta en furgoneta a Whitehorse.

Poniendo todo el equipaje en la canoa.
Todo limpio, abandonamos nuestro último campamento.
Estamos ya muy cerca de Carmacks, llegaremos muy rápido...


Ya estamos en Carmacks.


Nos abrazamos y celebramos que todo ha salido bien, han sido 12 días muy intensos, llenos de momentos de tensión, dificultades, incomodidades y algunos miedos, esto no es salir de la zona de confort, es irse muy lejos de ella y no es fácil. Personalmente siento una gran tristeza cuando se acaban este tipo de aventuras, siento como la vida se escapa entre mis dedos y que son los momentos que hay que atesorar, los más escasos, los más fugaces, los que hacen que te sientas más vivo y que tu paso por esta breve existencia hacen que valga la pena, rodeado de los tuyos. Aprovechamos para comer algo en el camping, como no, comida basura, patatas y hamburguesa ( vegana) con la coca-cola correspondiente. No tardamos en subir la canoa a la furgoneta de Kanoe people con su remolque y ponernos rumbo a Whitehorse, al menos la conductora es muy simpática y hablamos con unos españoles que han hecho el río Yukón desde Whiterhose hasta Carmacks y otra pareja de canadienses que creo que han hecho lo propio, o eran estadounidenses? Nos cuenta la conductora que es instructora de aguas bravas y que hace tanto packraft como canoa en whitewater, lo cual encontramos sumamente interesante, le preguntamos como lleva el inverno por aquí, las cosas que suelen hacer, etc. Lo que me consuela y no hace que me siente peor haber acabado esta gran aventura, es que la semana siguiente tenemos previsto pasar unos días en el Parque Nacional de Kluane, así que no hay tiempo para añoranzas, nos espera otra aventura, pero esa, es otra historia...
FIN