Ascensión al Castell de Rus ( 2783 metros)


2019 ha sido el año del descubrimiento, el esquí de travesía, siempre que he podido me he escapado a hacer alguna ruta, la montaña invernal ya se despide y el deshielo avanza, así que decidí aprovechar las últimas nevadas y me cogí fiesta un viernes para hacer una ruta que he tenido en mi lista desde hace años sin saberlo, el Castell de Rus.
Llevo 30 años esquiando ( esporádicamente), pero jamás había abandonado el abrigo de una estación de esquí, en varias de las ocasiones en que visité la estación de Boí-Taüll, me fijaba en aquella curva, una curva cerrada donde algún coche aparcaba y algún...¿loco? subía por una pendiente con los esquís, acompañado de su perro. Siempre me intrigó, pero nunca dí el paso de lanzarme a probarlo, nadie de mi entorno lo practicaba y, en el fondo, aunque a veces nos guste la soledad ( en la montaña es particularmente gratificante), necesitamos alguien que nos de un empujoncito, pero nadie me lo daba si no era yo mismo.
Así que ahí estaba yo, un viernes por la mañana a las 9:00, tras 3 horas y media de conducción, en mi famosa curva, la estación de esquí, ya cerrada, estaba llena de nata y parecía llamarme, ven aquí, yo tengo más nieve, no tendrás que portear, podrás bajar por las pistas para tí solo...pero ya lo tenía decidido, aunque el camino inicial no estaba en condiciones de subir foqueando por la falta de nieve, tenía entre ceja y ceja subir por ese valle.
Preparé todo el material, me puse los esquís a la espalda y decidí iniciar la subida con calzado normal, poniéndome las botas cuando fuese necesario, ya que el porteo parecía que iba a ser largo, iniciando la subida a las 9:22





Había dos opciones para iniciar la subida, una cuesta empinada a la derecha y un camino ancho a la izquierda, con el río en el centro, decidí empezar por la izquierda, error que me costó tener que atravesar el río y arriesgarme al primer baño del día, ya que a pesar de llevar el track en el móvil con el oruxmaps, tampoco voy todo el rato mirándolo, así que cuando ví que estaba fuera de recorrido, atravesé por el bosque, crucé el río y tuve que subir por una pendiente llena de zarzas, con todo el equipo a cuestas, las botas de esquí y los bastones en las manos, hasta alcanzar la otra pista, empezábamos bien la aventura.

El día era completamente soleado, en las cotas bajas había nieve granulada en poca cantidad, probablemente aquí llovió mayoritariamente, por el camino bajaba agua del deshielo y la temperatura era agradable, el paisaje maravilloso, naturaleza en estado puro!

Una vez que me encarrilé en el track adecuado, empecé a ganar desnivel por una pista ancha, cada vez con más nieve, aunque no suficiente para calzarme los esquís, donde se acababa la pista tuve que volver a cruzar un riachuelo ( las rocas estaban muy resbaladizas y casi acabo en el agua), aquí estuve siguiendo un  estrecho camino y unas huellas hasta que desaparecieron ambos, el camino y las huellas, ya iba pisando nieve cada vez más profunda hasta que de repente y sin darme cuenta, llegué a un punto donde casi me hundía hasta las rodillas, retrocedí y busqué un lugar cómodo, había llegado el momento de calzarme las botas y poner las pieles.



Fuí alternando zonas con bastante nieve y zonas donde escaseaba y tenía que buscar el lugar adecuado para no pisar piedra, el trayecto discurría atravesando el bosque y era perdedor, no había trazada alguna, únicamente algunas huellas de rebeco y zorro. Imposible describir el disfrute de estar inmerso en semejante paisaje, avanzando hacia un lugar por descubrir, el brillo de la nieve, el sonido del río, el canto de los pájaros, abriendo trazada, por primera vez no iba siguiendo unas huellas establecidas.



De nuevo tuve que cruzar el río, esta vez por una pasarela de madera, una pronunciada subida hasta una señal de GR que indicaba el Puerto de Rus, aquí decidí que no iba a cargar más con los zapatos, que llevaba colgados de la mochila, escondiéndolos detrás de unas rocas ( escogí este lugar ya que intuí que si me hubiese desprendido de ellos en el bosque, probablemente no los hubiese encontrado en el regreso). Seguía ganando desnivel y el paisaje se empezaba a abrir, cada vez mayor acumulación de nieve, menor densidad arbórea y cumbres en el horizonte que iban apareciendo, todavía lejanas. Alguna pala bien cargada de nieve ya dejaba ver alguna purga, pequeños aludes que me recordaban que el riesgo de aludes era 3 ( notable), por placas de viento y nieve húmeda, capaces de enterrar una persona o incluso un coche.

Al dejar la línea de árboles se abrió ante mí un inmenso espacio blanco, impoluto.


Tuve que cruzar otro riachuelo por el único puente de nieve que se veía, temiendo que la nieve se derrumbase bajo mis pies y acabase en el agua, la verdad es que ya estaba comprando demasiados números de acabar en el agua por hoy.


Cada vez ganando más altura, el bosque ya quedaba lejos...




Pensaba que tenía que seguir recto pero el track me indicaba que el Castell de Rus se encontraba hacia la izquierda, subiendo por una pala muy pronunciada, con paredes heladas...no me hacía mucha gracia pero parecía el único camino, así que cambié la suave pendiente del valle por otra cosa, aquí empezó la otra fase, la de la extenuación.


El hielo de la roca se oía crujir, cosa que no me hacía mucha gracia, empecé a subir trazando diagonales por la acusada pendiente, había mucha nieve en algunos tramos ( venteada, riesgo de aludes) y en cambio otros tramos de nieve dura, aunque no necesité poner las cuchillas. En los tramos de nieve profunda los esquís se hundían bastante y se arqueaban, cada vez era mas penoso avanzar, además con esa pendiente era muy difícil hacer la vuelta y temí acabar montaña abajo. Quizá pequé de exceso de prudencia, quizá no, pero en el curso de esquí de montaña nos explicaron bien claro, que el mayor número de accidentes se producía con el riesgo de 3 aludes, ya que con riesgo 4 y 5 la gente no sale a la montaña y, sin embargo, con riesgo 3 mucha gente se confía. Iba buscando la trazada por donde veía menos acumulación de nieve, hasta que lo ví muy peliagudo y decidí plantar los esquís por miedo a una caída, para ponerme los crampones y coger el piolet, no iba a marcharme de allí sin coronar la cima, eso sí, buscando toda la roca y zonas ausentes de nieve que pudiese encontrar, evitando posibles aludes.

Pequeñas ( o no tan pequeñas) purgas al fondo:


Ahí se quedaron los esquís plantados:


El ascenso con los crampones se hizo más penoso todavía, aunque iba buscando las zonas menos cargadas de nieve, en algunas zonas como mínimo a cada paso me hundía hasta media caña, me faltaba la respiración, notaba como iba pasado de pulsaciones, teniendo que parar cada 5 o 10 pasos a recobrar el aliento, una de las ventajas de ir solo, es que nadie te marca el ritmo, en mi caso es clave para llegar a mi objetivo, si no voy a mi ritmo tengo serias posibilidades de desfallecer, sin prisa pero sin pausa.

Coincidió el inicio de la parte dura del trayecto con un cambio en el tiempo, cada vez iba aumentando más la nubosidad hasta que una espesa niebla empezó a cubrir las partes altas, parecía que la montaña no me lo iba a poner fácil, como invitándome a dar media vuelta.



Pero mi objetivo estaba casi a mi alcance, ahí arriba ya podía divisar la cumbre del Castell de Rus...


Afortunadamente la niebla no era permanente, iba y venía, por momentos la visibilidad era buena y en otros apenas veía a 5 metros. El problema de la niebla en la montaña invernal, es que no distingues absolutamente nada, lo ves todo blanco y se pierde el relieve. En una situación de nevada o ventisca me hubiese dado la vuelta, ya que en caso de pérdida completa de visibilidad mi única salida era seguir mis huellas, las únicas que había.

Y finalmente la ansiada cima, que parecía no llegar nunca, daba unos pasos, levantaba la cabeza y veía una y otra vez la misma imagen...

Castell de Rus, 2783 metros:


Había una buena cornisa de nieve en la cima, así que procuré en todo momento pisar terreno firme, por las piedras.


Arriba hacía frío, viento, no sabía si el tiempo volvería a cambiar aunque se había despejado la niebla, así que no me entretuve e inicié el descenso, para buscar un sitio más amable en el que comer algo.



Rápidamente fuí bajando de cota, menuda diferencia con la subida, dicen que es mas fácil bajar que subir verdad? Pues cuidadito...un resbalón y ahí estaba yo ladera abajo cual tobogán acuático, instintivamente evité clavar los crampones en la nieve para no salir catapultado, clavé el piolet y conseguí frenar la caída. Tengo que reconocer que me gustó la experiencia y una parte de la bajada la hice de culo y controlando la velocidad con el piolet.

Esos son mis esquís?


Había salvado la parte más peliaguda de la jornada, así que bajé hasta las rocas que se ven abajo en la foto, me comí el bocata y el chocolate que llevaba, me acabé el agua e inicié un magnífico descenso por suaves pendientes hasta llegar de nuevo a la línea del bosque y colorín colorado...este cuento no ha terminado, aquí la volví a liar!

No se me ocurrió otra cosa que en vez de bajar por la derecha, siguiendo mis huellas, tirar por la izquierda con mi sinuosa trazada esquivando árboles, de vez en cuando miraba el móvil y veía el triangulito centrado en el track, voy bien, voy bien...pero cómo vas a ir bien si estás bajando por otro sitio? Vuelvo a mirar el móvil, el triangulito no se mueve hace rato...nooooo, el gps se ha desactivado y el triangulito que veo no soy yo, es un waypoint! Total, que me había desviado de la ruta y ahora un barranco me separaba del camino! Esto no podía ser tan fácil, me quité los esquís e iba avanzando penosamente por una inclinada ladera, con el barranco en medio, bien cargado de agua, con toboganes y pozas, nieve hasta la cintura en algún momento, ya no sabía que hacer, un poco más arriba el río se bifurcaba y parecía un buen punto para cruzarlo, conseguí llegar penosamente y efectivamente, aquí el río era bastante sencillo de cruzar, eran dos arroyos que se unían, aunque unos metros más abajo había un tobogán y cascadas donde era imposible. 

En fin, cuando estaba en mitad del cauce me repetí a mí mismo unas cuentas veces: "No se te puede sacar de casa!" De ahí el título de este blog. Conseguí cruzar al otro lado y harto de hundirme en la nieve, llegué hasta el sendero reptando como un lagarto, para no hundirme más de la cuenta, con los esquís y los palos en las manos ( si me llega a ver alguien llaman al 112, jajajaja). A partir de ahí no tuve más que deshacer el camino, hubo un tramo donde volví a calzar los esquís pero había bastante roca bajo la nieve y tras una rayada con una piedra dedicí que tocaba bajar andando. Recuperé mis zapatos que nadie se había llevado, descendí por el bosque ya con los esquís en la mochila, busqué un lugar cómodo cuando empezó a desaparecer la nieve y me puse los zapatos para continuar hasta el coche.
Esta vez bajé por el sendero que no cogí al inicio, aquí tuve otra pérdida y acabé de nuevo junto al río, imposible de cruzar por el caudal, tras mojarme un zapato intentando seguir orilla abajo, retomé el sendero y, esta vez sí, acabé en el coche tras una buena paliza, ya solo me faltaban unas 3 horas hasta llegar a casa, previa paradita a por unas cervezas ( sin alcohol) en el súper de Barruera.

Una aventura en solitario de las que no se olvidan fácilmente.


Un vídeo de la excursión😏


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